priscillem

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Comme c’est étrange…

In un gramme de sourire on 13/02/2009 at 19:33

En relisant certaines nouvelles de Marcel Aymé -pour la bonne cause puisque vous allez lire l’une d’entre elles… Laquelle me demanderez-vous? Ah, mystère et boule de gomme!-

Donc, pour revenir à nos moutons, en relisant certaines nouvelles, je suis tombée sur « Le percepteur d’épouses » et j’ai pensé qu’elle intéresserait les participantes du club de conversation.

Cette expression provient du film de  Marcel Carné, Drôle de drame.

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Étrange, vous avez dit étrange?

In Des hêtres et des bêtes on 22/01/2009 at 21:59

À partir d’un extrait de Nadja -de Breton– et du Horla-de Maupassant-, nous avons parlé des genres de l’étrange et du fantastique.

Dans le  domaine hispano-américain, voici les références dont je vous ai parlé. Savourez ces textes de la main des maîtres Monterroso et Cortázar.

  • « El eclipse »:

    Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó
    que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado,
    implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con
    tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza,
    aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el
    convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de
    su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor
    redentora.

    Al despertar se encontró rodeado por un grupo de
    indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un
    altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de
    sus temores, de su destino, de sí mismo.

    Tres años en el país le habían conferido un mediano
    dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron
    comprendidas.

    Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de
    su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
    Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo
    más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar
    la vida.

    -Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se
    oscurezca en su altura.

    Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé
    sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y
    esperó confiado, no sin cierto desdén.

    Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola
    chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo
    la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin
    ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se
    producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya
    habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

  • « La noche boca arriba »

Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.

A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pié y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe. Lire le reste de cette entrée »